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Acuerdo Pemex-Petrobras: México buscará hidrocarburos en aguas profundas y expertos alertan por riesgos de derrames y opacidad

Fuente: Mongabay Latam/ Gonzalo Ortuño López

28 de Julio de 2026


  • Una nueva alianza entre las petroleras estatales de México y Brasil enciende alertas ambientales por la posible expansión petrolera en aguas profundas del Golfo de México.
  • Especialistas consultados por Mongabay Latam destacan los riesgos socioambientales para especies, ecosistemas y comunidades que históricamente han sido impactadas por la actividad petrolera en la región.

México sigue apostando por la explotación de los combustibles fósiles a largo plazo y ha sumado una nueva alianza para este reto: un memorando de entendimiento entre las petroleras estatales Petróleos Mexicanos (Pemex) y Petróleo Brasileiro (Petrobras) para, entre otras cosas, explorar los yacimientos de aguas profundas y ultraprofundas del Golfo de México, la mayor y última gran reserva del país. Sin embargo, este acuerdo también representa riesgos ambientales para una región de gran conectividad biológica y de importancia para poblaciones costeras que dependen de la pesca y el turismo.

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Si bien la alianza entre Pemex y Petrobras es solo un primer paso y aún no implica inversiones, obligaciones o proyectos inmediatos, especialistas y organizaciones consultados por Mongabay Latam advierten que la apuesta pone al Golfo de México ante un panorama de mayores riesgos ambientales con costos millonarios.

Además, señalan la falta de información pública sobre el alcance de este acuerdo y una estrategia que prolonga la dependencia de México a los combustibles fósiles más allá de 2030. Mientras, las comunidades locales históricamente impactadas siguen asumiendo la mayor parte de los costos socioambientales de esta industria.

La vocería de Petrobras dijo a este medio que el Memorando de Entendimiento (MdE) firmado con Pemex continúa en curso, razón por la que no emitiría algún posicionamiento sobre los riesgos señalados por los especialistas consultados.

«La compañía no realiza comentarios sobre las negociaciones en curso y cualquier novedad se comunicará al mercado y al público oportunamente. Asimismo, Petrobras reafirma su compromiso con la transparencia, de acuerdo con las normas de divulgación», respondió a una solicitud de Mongabay Latam.

Riesgos de derrames al explorar aguas profundas en México

Aunque el acuerdo también establece el intercambio de tecnologías y cooperación en procesos de refinación, petroquímica, fertilizantes e incluso en la producción de biocombustibles como el etanol, donde Brasil es líder mundial, la prioridad implica la exploración y explotación de petróleo en aguas profundas (entre los 300 y 760 metros bajo el nivel del mar) así como en ultraprofundas (mayores a 760 metros de profundidad).

La propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha reconocido este interés. En su conferencia de prensa del pasado 2 de junio defendió el acuerdo y destacó la experiencia de la petrolera brasileña.

Además, la presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, también destacó el memorando para posicionar a la petrolera como una socia de Pemex. “Nos interesa la exploración en el Golfo de México, el incremento de la producción en campos maduros y los procesos industriales de refinación, petroquímica y fertilizantes. Sin duda, la alianza entre las dos empresas estatales será beneficiosa para ambos países”, dijo tras hacer el acuerdo oficial.

Si bien se trata de una empresa especialista en la explotación de este tipo de yacimientos, existen riesgos socioambientales y retos de operación que las autoridades mexicanas han omitido mencionar cuando se habla del caso.

Renata Terrazas Tapia, directora de la organización Oceana México, señala que extraer petróleo en aguas profundas, a diferencia de hacerlo en aguas someras (a menos de 500 metros de profundidad), es más riesgoso y representa mayores retos para contener accidentes o derrames en el Golfo de México, donde se estima que hay 15 419 especies, cuyos hábitats van desde humedales hasta arrecifes de coral.

“Es una apuesta que incrementa la posibilidad de tener derrames. Ambas empresas, Pemex, constantemente en el Golfo de México, pero Petrobras también, han tenido historias de derrames. Cuando ocurren hay pérdida de biodiversidad, pero también hay afectaciones a las comunidades costeras”, dice Terrazas a Mongabay Latam.

Para Alejandro Espinoza Tenorio, investigador de manejo sustentable de cuencas y zonas costeras de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), el incremento de riesgos tiene que ver con la lejanía de las zonas donde se busca la exploración, las cuales considera expuestas a condiciones diferentes en la producción de hidrocarburos.

“Tienes que generar y usar una tecnología que te permita perforar a esas profundidades en un ambiente más influenciado por corrientes oceánicas, más expuesto a eventos climatológicos extremos, como huracanes”, explica el especialista.

Espinoza agrega que además hay poca información sobre la biodiversidad que habita en las aguas profundas y ultraprofundas donde se busca extraer más combustibles fósiles.

“Conocemos muy poco de la biodiversidad y el comportamiento de las corrientes y organismos en esas profundidades. Suelen ser más sensibles porque están expuestos a menos cambios ambientales, tenemos muy poca información”, sostiene.

El mayor antecedente que científicos y especialistas consultados por este medio tienen presente ocurrió en 2010, cuando una explosión en la plataforma petrolera Deepwater Horizon ocasionó el mayor derrame de la historia del Golfo de México, el cual tardó en controlarse cerca de tres meses y liberó cerca de cinco millones de barriles de crudo.

Los efectos exactos del derrame se desconocen, por lo que este accidente también marcó la creación del Consorcio de Investigación del Golfo de México (CIGoM), un organismo de investigación que busca entender mejor los procesos biogeoquímicos de esta región del país, ante los derrames de combustible.

Este organismo ha realizado evaluaciones de las regiones, especies, y ecosistemas vulnerables antes derrames de gran escala en aguas profundas del Golfo de México. También ha combinado escenarios hipotéticos en pozos petroleros estratégicos de la región para estimar los daños que provocaría un derrame de gran escala en aguas profundas.

De acuerdo con estas investigaciones, los impactos podrían llegar a afectar corredores migratorios y zonas de reproducción de especies a cientos de kilómetros. Además, podrían provocar alteraciones celulares y mortalidad de organismos, así como pérdida de hábitats, ruptura de cadenas alimentarias y una recuperación lenta de poblaciones aisladas.

Por ejemplo, las investigaciones del CIGoM estiman que ante diferentes escenarios de derrame en aguas profundas, las zonas de mayor vulnerabilidad de las tortugas marinas están en el sureste y suroeste del golfo. Podrían impactar áreas de anidación de al menos dos especies (una de ellas en peligro crítico de extinción), así como corredores migratorios. También identifican otras especies vulnerables de la región como el delfín clímene (Stenella clymene) y el tiburón ballena (Rhincodon typus). Mientras tanto, identifica que los hábitats más vulnerables están en bosques de manglares, praderas de pastos marinos y lagunas salinas.

Leopoldina Aguirre Macedo, responsable técnica del Laboratorio Nacional del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) de Oceanografía (LANCO) y coautora de una de estas investigaciones, sostiene que, si bien hay un acondicionamiento de los ecosistemas a las emanaciones naturales de hidrocarburos que hay en el Golfo de México, los derrames de petróleo pueden llevar al límite esta resistencia.

“Hemos visto que hay una recuperación rápida de ecosistemas, pero los que no se recuperan son los impactos sociales, en las comunidades, al no poder pescar cuando hay un derrame”, expone la investigadora a Mongabay Latam.

Aguirre agrega que el impacto que pueda tener la extracción de petróleo en aguas profundas del Golfo de México sería complejo de medir, pues señala que el efecto se observa a largo plazo.

Otros investigadores también han alertado desde hace años sobre el incremento de riesgos socioambientales al aumentar la extracción en la profundidad del agua. Un análisis científico a la actividad petrolera en el Golfo de México entre 1996 y el 2010 halló que los incidentes, entre ellos derrames de petróleo, están correlacionados con la profundidad del agua al señalar que para una plataforma promedio, cada 30 metros de profundidad aumentan la probabilidad de un incidente en un 8.5 %.

Terrazas sostiene que las consecuencias de antecedentes como el derrame de Deepwater Horizon aún persisten, por lo que la exploración y explotación de las aguas profundas del Golfo de México implican inevitablemente derrames y daños ambientales.

“Mucho de lo que sucede no lo alcanza a ver el ojo humano y pareciera que no existe. No hay dinero en el planeta que dé para resarcir el daño que ocasionan los derrames petroleros. Cada vez que exploramos y explotamos un pozo, a eso le estamos apostando a que muy probablemente vendrá un daño ambiental que no vamos a cubrir”, sostiene.

Altos costos, reservas en picada y opacidad

La alianza de Pemex con Petrobras ocurre en un momento en el que México busca dejar de depender energéticamente del gas que importa de Estados Unidos, bajo el argumento de fortalecimiento de la soberanía, por lo que evalúa explotar incluso los yacimientos de combustibles fósiles no convencionales tanto en tierra como en costas.

Esta decisión se ha reflejado también en la intención del gobierno de Claudia Sheinbaum de expandir la industria del fracking, una técnica altamente contaminante, según expertos consultados, de fracturación hidráulica en el subsuelo para extraer hidrocarburos.

Para Luca Ferrari, investigador del Instituto de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), esta búsqueda incesante se da porque el petróleo convencional se encuentra en picada, pues las reservas de los grandes campos mexicanos se van agotando.

“Ya son casi dos décadas que va bajando la producción y lo que queda después es el fracking, que se está discutiendo. Lo otro son las aguas profundas. Ambos son muy caros, pero en el caso de las aguas profundas, con que ocurra un solo accidente de derrame sabes que puedes generar un desastre ecológico”, dice el experto a Mongabay Latam.

Las áreas para la exploración y extracción de hidrocarburos en aguas profundas se localizan principalmente en tres regiones del Golfo de México: Área Perdido, Cordilleras Mexicanas y Cuenca Salina del Istmo. De acuerdo con el Plan Quinquenal de Licitaciones para la Exploración y Extracción de Hidrocarburos 2020-2024, se estima un recurso prospectivo, aún no descubierto, de casi 8951.8 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, con un remanente recuperable de 500.2 millones.

Aunque no se detalla la participación de Petrobras para la exploración de estas reservas en el Golfo de México, Ferrari advierte retos técnicos y operativos que requieren grandes inversiones y tiempo. Uno de ellos es estimar las reservas presalinas de petróleo, yacimientos ubicados bajo una capa kilométrica de sal, en los cuales Petrobras tiene experiencia.

“La sal es muy complicada para la exploración porque prácticamente cuando se hace exploración sísmica, el espesor de sal no permite ver bien lo que hay abajo. Son de lo más complicados desde un punto de vista técnico y las implicaciones para la parte ambiental son de mayor riesgo de accidentes”, advierte el investigador.

También señala que para pasar de la estimación de las reservas a perforación de pozos exploratorios pueden pasar años.

“Es un proceso muy largo y primero tienen que realmente determinar cuánto hay y cuánto va a costar porque es de lo más caro. Puedes establecer reservas, pero muchas veces es el 10 % o el 20 % de lo que son los recursos prospectivos”, expone el investigador.

Los especialistas consultados coinciden en que, aunque la alianza con Petrobras ayude a Pemex a absorber los gastos de explorar pozos profundos y ultraprofundos, la etapa de exploración tardará años y ponen como ejemplo el caso del campo Trion, considerado el primer gran desarrollo de aguas profundas en México, cuya producción está prevista hasta 2028, luego de que se adjudicó la licitación en diciembre de 2016.

Pese al costo económico y ambiental que representa la exploración y explotación de aguas profundas, Ferrari considera que esta apuesta puede obedecer a buscar una mejor imagen internacional que le permita a Pemex probar que aún cuenta con reservas petroleras.

“Pemex está tratando de no quebrar, está en una situación financiera muy peligrosa. Lo que está haciendo tiene principalmente una razón para mejorar su situación porque si pueden certificar de alguna forma reservas eso le mejora su aplicación crediticia”, sostiene el especialista al considerar que la petrolera estatal busca mejorar su visión internacional.

Pemex ya se ha dado cuenta de que va de salida. Estamos al límite, llegando a lo último que queda”, agrega Ferrari.

Terrazas coincide con estos señalamientos y agrega que, en el mejor de los escenarios, las aguas profundas en México comenzarían a producir petróleo en 10 años. “Es una apuesta a largo plazo. Estamos a 2026, con los acuerdos de reducción de emisiones a 2030. Pero esta tendencia lo que está haciendo es apostarle a la extracción de hidrocarburos pasando 2030. Son mensajes que no cuadran con el discurso”, señala la directiva.

Por otro lado, Espinoza destaca que este acuerdo llega ante una falta de transparencia en todos los procesos de extracción que realiza Pemex, por lo que existe preocupación sobre las medidas que tomaría la industria de hidrocarburos en el Golfo de México si se expande la explotación en aguas profundas.

“Seguimos sin tener una claridad de cómo Pemex en particular, pero toda la industria en general, realizan sus actividades y en caso de que haya alguna emergencia ambiental el resto de la sociedad nos enteremos. No tenemos todavía la transparencia que desearíamos para una actividad de esta envergadura”, señala el investigador.

El experto cuestiona también la infraestructura y su mantenimiento como un factor clave para estas actividades, por lo que sostiene que el monitoreo constante y directo es clave, pues considera que actualmente solo se vigila con información indirecta que proporcionan pescadores o imágenes satelitales.

“Necesitamos un sistema de monitoreo que nos permita entrar al área, identificar el hidrocarburo y terminar el proceso de revisión”, dice el investigador de Ecosur a Mongabay Latam.

Comunidades costeras, las más afectadas y las menos beneficiadas

Los investigadores coinciden en que, si bien hay impactos en los ecosistemas del Golfo de México por la exploración, los estragos en las comunidades son un elemento constante.

El antecedente más reciente ocurrió en febrero pasado, luego de que autoridades negaron un derrame en el Golfo de México provocado por la fuga de un oleoducto en la zona Abkatun-Cantarell, y el cual atribuyeron a emanaciones naturales.

Durante semanas, las comunidades costeras y pescadores fueron quienes se organizaron para limpiar playas, manglares y costas por la contaminación de hidrocarburo. Además, fueron fuertemente afectadas económicamente por la interrupción de pesca y el turismo en la región.

El gran ausente en las conversaciones sobre petróleo en México son los gastos, los costos ambientales que asumen las comunidades costeras. Este modelo de extracción de hidrocarburos perpetúa la desigualdad, enriquece a los más ricos y empobrece a los más pobres”, considera Terrazas, quien desde Oceana ha acompañado a las comunidades pesqueras impactadas por el sector de hidrocarburos.

También considera que el papel de la sociedad civil será clave para vigilar la alianza y la posible expansión del sector petrolero en aguas profundas.

“Aprendimos la importancia de que las comunidades costeras estén alertas, de que a falta de respuesta del Gobierno y al intento de ocultar información somos la sociedad civil, las comunidades, las organizaciones, las cooperativas, quienes debemos organizarnos para tener protocolos de respuesta y la posibilidad de identificar la dimensión del derrame”, sostiene.

*Imagen principal: México busca explorar y explotar los yacimientos de petróleo en aguas profundas del Golfo de México, pero especialistas advierten riesgos socioambientales. Foto: cortesía Pemex

Gonzalo Ortuño López

 

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