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Biocombustibles: por qué no son la solución a la crisis energética

Fuente: Energías Renovables / ER

07 de Abril de 2026


Los biocombustibles, contra todo pronóstico, no son la solución esperada frente a la crisis energética que ha disparado el precio de los combustibles fósiles y ha golpeado a los hogares españoles, que han visto subir sus facturas antes de que se apliquen las medidas de urgencia del gobierno. Y, tal como se están utilizando hoy los biocombustibles, con políticas mal enfocadas, tampoco podrán contribuir de manera eficaz a la descarbonización del transporte. Este es un artículo de Sarah Galeran, responsable de proyectos en Ecodes.

La crisis energética actual, debida a la guerra en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz, impacta directamente a las personas. No hay que olvidar víctimas: ya se han perdido muchas vidas a raíz de este conflicto. La dependencia a los combustibles fósiles se revela cada vez más peligrosa, tanto para la seguridad energética de Europa como para poder asegurar el futuro de todos en este planeta. Ni siquiera el presente. Seguimos con la absoluta necesidad de bajar las emisiones de gas de efecto invernadero, especialmente en el sector del transporte, que representa un tercio de las emisiones de España, la mayoría asociadas al transporte por carretera.

Sin sorpresa, los conductores han visto el precio de los combustibles fósiles dispararse, saltando de unos 30 céntimos por litro de subida en la gasolina, hasta más de 40 céntimos por litro el diésel. Siguiendo esta misma tendencia, los biocombustibles han experimentado fuertes subidas de precio, con el biocombustible puro incrementando también más de 40 céntimos. Las medidas de ayuda implementadas por el Gobierno apenas lograron situarlos de nuevo por debajo de la barrera de los dos euros.

La resiliencia relativa de España frente a la crisis actual proviene de la fuerte cuota de electricidad renovable en su mix energético, aportando estabilidad, en un contexto donde la incertidumbre en los mercados energéticos internacionales sigue marcando la volatilidad de precios y el suministro. Y esto tiene repercusión en nuestras vidas. Esta estabilidad se explica porque la producción de electricidad renovable tiene una ventaja destacable: se basa en recursos naturales disponibles de forma abundante y local.

No es el caso de los biocombustibles. Como destaca el último informe de ECODES, en 2024, solo un 15% de las materias primas utilizadas para fabricar biocombustibles procedían de España, consolidando la dependencia a terceros países. Los cultivos usados procedían en mayoría de Ucrania, Brasil, y EE.UU, cuando los residuos, como los desechos procedentes de la palma, venían sobre todo de Indonesia, Malasia, y China.

Estas importaciones generan, además de una vulnerabilidad a choques exteriores, una falta de capacidad de control de la materia prima. En el último mes, periodistas han salido a la luz casos de fraude. En Indonesia, se vendió aceite de palma virgen como residuo de palma, con la ayuda de agentes corruptos del gobierno, que han sido detenidos. El aceite de palma virgen está prohibido en Europa para la fabricación de biocombustibles, por sus altas emisiones de gas de efecto invernadero asociadas a la deforestación. Teniendo en cuenta todo el ciclo de vida, los biocombustibles hechos a partir de aceite de palma pueden llegar a emitir tres veces más emisiones que los combustibles fósiles. Este caso de fraude ha llegado a nuestro país y ha afectado al líder de producción y venta de biocombustibles en España.

Aunque se estén haciendo esfuerzos a nivel europeo y español para mejorar la trazabilidad de la materia prima, la demanda creciente para los biocombustibles expone la industria a más casos como este. La materia prima realmente sostenible, y disponible a nivel local, es altamente limitada. Usar cultivos para los biocombustibles, como ya es el caso para el 35% de ellos, representa un riesgo para la seguridad alimentaria al competir con la producción de alimentos, y no puede ser una respuesta a la escasez de desechos disponibles para los biocombustibles.

Pueden ser una herramienta para la descarbonización del transporte, pero solo si se mira de manera realista la capacidad de abastecimiento con materia prima realmente sostenible y local. Para el transporte difícil de electrificar, como la aviación o el marítimo, pueden ser una opción de transición hasta que se escalen soluciones más sostenibles, pero menos desarrolladas actualmente, como los combustibles renovables de origen no biológico.

En el caso del transporte por carretera, la electrificación con renovables asegura una reducción real de emisiones, que no se puede garantizar con los biocombustibles. Esta crisis energética, además de recordarnos el peligro de la dependencia de los combustibles fósiles, vuelve a poner de manifiesto todo lo que ganaríamos al priorizar la electrificación con renovables como siguiente paso para avanzar hacia un sistema energético más seguro, asequible y descarbonizado. En el contexto actual, marcado también por conflictos ligados al control de los recursos energéticos, acelerar esta transición no solo representa una oportunidad económica y tecnológica, sino también una vía para reducir tensiones geopolíticas y contribuir a salvar vidas.

En el caso del transporte por carretera, la electrificación con renovables asegura una reducción real de emisiones, que no se puede garantizar con los biocombustibles. Esta crisis energética, además de recordarnos el peligro de la dependencia de los combustibles fósiles, vuelve a poner de manifiesto todo lo que ganaríamos al priorizar la electrificación con renovables como siguiente paso para avanzar hacia un sistema energético más seguro, asequible y descarbonizado. En este sentido, el reciente anuncio de la UE instando a reducir el uso del transporte por carretera y los vuelos refuerza la urgencia de imaginar otras maneras de vivir juntos. En el contexto actual, marcado también por conflictos ligados al control de los recursos energéticos, acelerar esta transición no solo representa una oportunidad económica y tecnológica, sino también una vía para reducir tensiones geopolíticas y contribuir a salvar vidas.

Sarah Galeran es responsable de proyectos en Ecodes.

ER

 

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