Dependemos del gas que desperdiciamos
Fuente: La Jornada / Antonio Gershenson
30 de Marzo de 2026
No tiene calificativo exacto el desperdicio que se está haciendo del gas en el mundo. La inconsciencia continúa y los recursos naturales siguen desapareciendo por absurdas guerras fabricadas por Estados Unidos y compinches para enriquecerse a costa de millones de vidas civiles. Las leyes energéticas y, sobre todo, aquellas que preservan la paz mundial tendrán que ser, verdaderamente, aplicables. Ningún país está a salvo sin el preciado recurso energético, como lo es el gas natural. Lo utilizado en la fabricación indirecta de equipo y material bélico se perderá por siempre. Nada se recupera.
Mientras tanto, en nuestro continente, las amenazas de Donald Trump para llevarnos a un enfrentamiento entre nuestros propios países están latentes y no va a parar mientras las instancias de paz en el mundo no le pongan un alto definitivo a sus agresiones. Los recursos energéticos de América Latina están en peligro.
Dependemos todavía de las reservas de gas estadunidenses disponibles para seguir abasteciendo a nuestro país. Recordemos que dependemos del hidrocarburo, aproximadamente, entre 60 y 70 por ciento. Y todavía más si nos someten a una extorsión abiertamente basada en la especulación económica y, también, política.
Víctor Rodríguez Padilla, director general de Pemex, dijo que México afronta una emergencia de seguridad nacional por su alta dependencia de las importaciones de gas natural estadunidense: “la enorme dependencia que tenemos de Estados Unidos no es una dependencia simple, es vulnerabilidad; si nos cierran la llave, México se queda a oscuras”. Y no es una opinión cualquiera, es una alerta. De ahí nuestra preocupación por lo que se pueda estar “negociando” actualmente con las empresas privadas nacionales y extranjeras. Nuestro temor es que lo planteado por AMLO en su libro A la mitad del camino (editorial Planeta, páginas 38-49), quede fuera de discusión y se favorezca, nuevamente, a la ola de empresarios anti-4T ya conocidos.
Los contratos leoninos, porque así lo son, ya que plantean más desventajas que beneficios para la Comisión Federal de Electricidad (CFE), perjudicaron no sólo al propio organismo, sino al país entero. Los negocios fantasiosos planteados y los grandes beneficios inventados por dichas casas comerciales de energéticos fueron el gancho para obtener mayores ganancias.
Las conocidas por sus poco claras y honestas ofertas y gestiones son, entre otras: TC Energía, Carso Energy, Fermaca y Sempra-IEnova. Las gestiones para vender o comprar energía, con la complicidad de algunos funcionarios neoliberales antes del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador que se anclaron en la empresa nacional, estuvieron a punto de concretar uno de los robos más imperdonables de los últimos años del neoliberalismo en nuestro país.
Víctor Ramírez, doctor en ciencias por la UNAM, quien pretende hacer un análisis acerca de las acciones de la CFE posteriores a su rescate durante el sexenio de López Obrador, intenta minimizar la importancia del hecho. Ignora que no sólo fue un rescate, sino que se mantuvieron tarifas bajas. Pero, además, hace el esfuerzo por desprestigiar las gestiones de Manuel Bartlett, director general en ese momento de la CFE. Independientemente de la imagen del funcionario, la cual podrá gustar o disgustar a quienes lo critican, cumplió con su trabajo.
Durante la conferencia mañanera del 25 de julio de 2024, el ex funcionario confirmó el rescate de la CFE. Señaló que el general Lázaro Cárdenas del Río, Adolfo López Mateos y Andrés Manuel López Obrador fueron los presidentes encargados de proteger y recuperar este importante recurso. Por ser un recurso construido con el esfuerzo de miles de trabajadores y trabajadoras del gremio, la industria eléctrica es nuestra y no de las empresas privadas. Un punto aparte merece ser recordado más adelante, nos referimos al trabajo del Sindicato Mexicano de Electricistas.
El doctor Ramírez, en efecto, no reconoce que la CFE se salvó de caer en el laberinto sin salida que significa la privatización de la industria eléctrica. Desde el inicio de este periodo político de la vida nacional, que es la 4T, los intentos de la oligarquía, la vieja y la nueva, continúan por volver a firmar contratos tramposos. A la iniciativa privada no le interesa si todavía existen en el país zonas sin energía eléctrica: lo que les importa es que la producción de electricidad sea rentable para sus empresas. Y si para ese objetivo tienen que seguir engañando y presionando al actual gobierno, lo seguirán haciendo, pero tenemos la confianza de que no pasarán. Recordemos que la tan mencionada soberanía no se concreta mientras dependamos del abastecimiento del gas extranjero.
La soberanía energética está rodeada de innumerables peligros, especialmente porque todavía en algunos sectores de la industria prevalecen los deseos de continuar con el saqueo de nuestros recursos. La solución al atraso que venimos sufriendo con la producción de gas desaprovechado es, indiscutiblemente, urgente. Dependemos de ese gas enviado desde fuera cuando en nuestro país se evapora. Tenemos la confianza de que los contratos neoliberales no volverán. Seguiremos construyendo la independencia tan importante para el desarrollo de la industria general del país.
“Por esto y muchas otras razones, ha sido urgente e indispensable modificar la política y las reformas privatizadoras para rescatar la estratégica industrial eléctrica nacional por el bien de consumidores domésticos, de empresarios y del desarrollo nacional”, dijo Andrés Manuel López Obrador.
(Colaboró Ruxi Mendieta)
“Para Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará”
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