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El colchón menguante de las reservas de petróleo amenaza un mercado energético al límite

Fuente: Cinco Días / Nuria Salobral

26 de Mayo de 2026


Los importadores han compensado la caída de suministros con inventarios acumulados, pero los expertos temen que la escasez física dispare los precios si no se reabre el estrecho pronto

La Agencia Internacional de la Energía se ha convertido desde el inicio de la guerra de Irán en una suerte de Pepito Grillo que advierte constantemente al mundo de las duras consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz. Primero declaró que ese bloqueo es un shock energético sin precedentes, el mayor de la historia. Y a medida que han ido pasando las semanas y los meses, sus advertencias han subido el tono: aviso de hacer acopio de combustible para aviones antes de la campaña del verano, reproches velados a los gobiernos por una primera reacción en la que subestimaron la magnitud de la crisis y, más recientemente, el anuncio de que las reservas estratégicas de crudo están descendiendo a una velocidad sin precedentes. Un factor más para esperar precios más elevados del petróleo si el suministro procedente de los países del golfo Pérsico no se normaliza en breve.

Tras casi tres meses de guerra, todas las expectativas están puestas en un pronto acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán —tan pronto como en los próximos días— que detenga la erosión de sus respectivas economías ante la falta del combustible que las mueve. “Los mercados físicos de petróleo se siguen tensando a medida que las exportaciones desde el Golfo están a un 5% de sus niveles normales”, explica un informe de Goldman Sachs. El banco calcula un descenso de las reservas mundiales de 8,7 millones de barriles diarios, buena parte de ellos correspondiente a almacenamientos en barco.

La reducción de las reservas estratégicas de petróleo empieza a ser motivo de inquietud después de que en marzo la AIE acordara la mayor liberación de reservas de su historia, por 400 millones de barriles. El proceso de su salida al mercado sigue en marcha, pero la propia AIE ya ha advertido en su informe correspondiente al mes de mayo que las reservas mundiales de crudo se están agotando a un ritmo sin precedentes, en 246 millones de barriles desde el inicio de la guerra. “La rápida reducción de las reservas de seguridad, en un contexto de interrupciones continuadas, podría presagiar futuras subidas de precios”, advierte la AIE.

En opinión de la consultora Kpler, “las reservas de seguridad se están agotando. El mercado ha absorbido el impacto inicial gracias a los barriles excedentes, el petróleo en tránsito y el almacenamiento flotante. Estos tres recursos se han agotado en gran medida: las reducciones de las existencias comerciales son la última línea de defensa”. El contrapunto a esta tendencia lo pone China, que lleva años construyendo un colchón anticíclico —comprando más cuando está barato— y gracias al que sus reservas de crudo están en máximos históricos, en cerca de 1.240 millones de barriles. Han crecido incluso en 25 millones de barriles desde que comenzó el conflicto, según Kpler.

Según datos de la propia AIE, a cierre de marzo, el volumen total de reservas de los países de la OCDE alcanzaba los 4.035,6 millones de barriles, considerando las reservas estratégicas de los respectivos gobiernos más las reservas comerciales que está obligada a atesorar la industria. La liberación de los 400 millones de barriles acordada en marzo comenzó con la puesta en el mercado de 74 millones de barriles de los colchones de emergencia impuestos a la industria petrolera, a los que se sumaron este mes 90 más correspondientes a reservas gubernamentales. La previsión de la AIE es que se liberen al menos otros 210 millones de barriles de las reservas gubernamentales hasta finales de julio, en función de la demanda. La agencia ha defendido en varias ocasiones su disposición a realizar una liberación adicional de reservas si fuera necesaria, y según estimaciones de JP Morgan, el volumen de las reservas gubernamentales se limita ahora a unos 1.200 millones de barriles.

Kerstin Hottner, responsable de materias primas y gestora en Vontobel, calcula que hasta el momento se habrán liberado tres cuartas partes de los 400 millones de reservas estratégicas comprometidas por la AIE y descarta calificar la situación de alarmante. “Se podría liberar un segundo lote de unos 400 millones de barriles para amortiguar el impacto en el mercado durante las próximas semanas, e incluso meses. Aunque el estrecho de Ormuz se reabriera mañana, los cargamentos de crudo tardarían aproximadamente entre cinco y seis semanas en llegar a destinos como Europa, por lo que es necesario contar con reservas”, asegura. E insiste en que, si la paz entre EE UU e Irán no llega pronto, la situación sí sería preocupante “ya que solo quedaría un colchón estratégico limitado en caso de otra interrupción del suministro en los próximos seis meses”. Es decir, en caso de que el conflicto se cerrara en falso y pudiera reactivarse más adelante.

Los países de la AIE están comprometidos a contar con un nivel de reservas estratégicas equivalente a al menos 90 días de importaciones netas de crudo. Es el acuerdo alcanzado cuando se creó la institución, en 1974, como respuesta a la grave crisis energética y económica del año anterior. Jorge León, analista de Rystad Energy, coincide en que los países de la OCDE —los miembros de la AIE— aún cuentan con un colchón considerable de reservas una vez se complete la liberación de los 400 millones de barriles. Pero sí apunta a que, si el descenso en ese colchón continúa, queda en entredicho la misión preventiva por la que los gobiernos constituyen sus reservas. “Tienes menos con qué poder cubrirte en el futuro en caso de que haya otro tipo de crisis o de que mañana haya un huracán en Estados Unidos y la producción caiga o haya algún otro tipo de acontecimiento”, explica. En 2005, tras el huracán Katrina, Estados Unidos recurrió a sus reservas para compensar el impacto que sufrió el sistema de suministro petrolero del golfo de México.

En la práctica, el descenso de las reservas estratégicas, aunque no sea a niveles alarmantes, sí es capaz de activar una presión creciente en el precio del petróleo y de forzar la destrucción de demanda, antes de que el colchón de reservas alcance niveles críticos. Las distintas tipologías de hidrocarburos, la irregular distribución de las reservas y los requisitos operativos implican que el mercado debe operar con un amplio margen de maniobra: “Una vez que las reservas bajan demasiado, el sistema se vuelve cada vez más frágil. En la práctica, el mercado ya se ve sometido a una fuerte presión cuando las reservas comerciales se acercan a los 2.000 millones de barriles. Mucho antes de que las reservas se agoten por completo, el aumento de los precios del petróleo comienza a racionar la demanda al forzar una reducción del consumo”, explica Hottner. Con anterioridad a la guerra, esas reservas comerciales de petróleo —que no las estratégicas de los gobiernos— ascendían a una cifra considerable de unos 2.800 millones de barriles, incluyendo los depósitos de las refinerías y los centros de almacenamiento de la industria.

El restablecimiento de las reservas una vez superado el conflicto tampoco será tarea fácil y el esfuerzo para recomponerlas será otro factor capaz de mantener el precio del petróleo en niveles elevados en los próximos meses. El secretario de Energía de EE UU, Chris Wright, ya ha avanzado que, por cada barril liberado, es posible que, en última instancia, haya que volver a adquirir aproximadamente 1,2 barriles. Estados Unidos incluso ha transferido parte de su Reserva Estratégica de Petróleo (SPR por sus siglas en inglés) al sector petrolero. “Estas liberaciones impulsaron las exportaciones de abril hasta un récord de 156 millones de barriles, muy por encima de la media mensual de 2025, que ronda los 115 millones de barriles”, apunta Kpler en un informe publicado este mes.

La liberación de reservas ha contribuido, junto con una menor demanda de crudo en especial por parte de los países asiáticos, a contener el ascenso del precio del petróleo, más o menos estable sobre los 100 dólares el barril. Sin embargo, es un alivio puntual. “De momento estos barriles están actuando más como ancla psicológica que como compensación física; señalan compromiso político, pero no resuelven el balance”, afirma Jorge Molinero, analista de Sparta. Así, el cierre de Ormuz implica drenar del mercado 14 millones de barriles diarios. Según los cálculos de Molinero, si el cierre del estrecho se prolonga en verano, el brent subirá de los 120 dólares “con mucha seguridad”.

Nuria Salobral

 

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