Fuente: El Financiero / Clemente Ruiz Durán
30 de Septiembre de 2026

México puede ser un puente para llevar gas de Texas a Asia o aprovechar el corredor energético para generar inversión, proveedores y capacidades industriales.
Una nueva geografía energética está tomando forma en América del Norte y México ocupa una posición mucho más importante de lo que parece. El gas natural producido en Texas cruza la frontera, recorre cientos de kilómetros por nuestro territorio y busca una salida hacia los mercados asiáticos a través de los puertos del Pacífico. La pregunta es inevitable: ¿México será simplemente el puente por el que pase el gas estadounidense rumbo a Asia o aprovechará esta transformación para construir una estrategia energética e industrial propia?
La controversia alrededor de Amigo LNG, que pretende construir una terminal de licuefacción y almacenamiento de gas natural en Guaymas, Sonora, pone el tema sobre la mesa. El proyecto contempla una inversión anunciada de 6,800 millones de dólares. Pero no es un caso aislado. En el Pacífico mexicano se han planteado diversos proyectos para recibir gas procedente principalmente de la Cuenca Pérmica, licuarlo y enviarlo hacia Japón, Corea del Sur, China y otros mercados asiáticos. Esto ya no es una posibilidad futura. En julio de este año, Energía Costa Azul, en Baja California, realizó su primer embarque comercial de gas natural licuado hacia Asia. Estamos ante el nacimiento de un corredor energético Texas-México-Asia.
Aquí aparece la paradoja mexicana. Nuestro país importa enormes cantidades de gas estadounidense para generar electricidad y abastecer a la industria. Las exportaciones de gas por ducto de Estados Unidos hacia México promediaron 6.4 mil millones de pies cúbicos diarios en 2024 y alcanzaron un récord mensual de 7.5 mil millones en mayo de 2025. Nuestra economía se ha vuelto profundamente dependiente del gas barato de Estados Unidos. Ahora aparece una segunda función: México no solamente importa ese gas para consumirlo, sino que puede convertirse en plataforma para reexportarlo hacia Asia.
Para Estados Unidos la lógica es clara: utilizar la costa mexicana del Pacífico acorta y diversifica las rutas hacia los mercados asiáticos. Pero la pregunta para nosotros es otra: ¿qué obtiene México? Si nuestra participación consiste únicamente en proporcionar territorio, gasoductos, puertos y terminales, mientras asumimos una parte importante de los riesgos ambientales, estaremos reproduciendo un viejo patrón: incorporarnos a las cadenas globales sin capturar suficientemente el valor agregado que generan.
Y el territorio involucrado no es cualquiera. El Golfo de California constituye uno de los ecosistemas marinos más importantes del planeta. Los cuestionamientos sobre los efectos acumulativos de las terminales de GNL, los buques metaneros y la infraestructura asociada deben tomarse seriamente. En el caso de Amigo LNG, además, la autorización ambiental se encuentra sometida a revisión judicial. Esto obliga a evitar dos posiciones simplificadoras: considerar que cualquier proyecto energético debe rechazarse por sus impactos ambientales o suponer que una inversión de miles de millones de dólares justifica por sí misma cualquier proyecto. México necesita inversión, energía e infraestructura, pero también necesita preservar un patrimonio natural extraordinario.
La respuesta está en evitar que estos proyectos se conviertan en nuevos enclaves energéticos. Una inversión de 6,800 millones de dólares no debería evaluarse solamente por el capital que llega al país, sino por cuánto genera en proveedores mexicanos, ingeniería nacional, empleos especializados, infraestructura regional y capacidades tecnológicas. Sonora tiene una oportunidad excepcional. La infraestructura de Guaymas podría articularse con manufactura metalmecánica, construcción y mantenimiento naval, ingeniería energética, fabricación de tuberías y válvulas, sistemas eléctricos, automatización y servicios especializados. México necesita una verdadera política de desarrollo de proveedores alrededor de la nueva infraestructura energética. Pero la oportunidad es todavía mayor. Sonora reúne algunas de las mejores condiciones solares de América del Norte, minerales estratégicos, una base manufacturera relevante, cercanía con Arizona y acceso ferroviario y portuario. En lugar de considerar estos activos por separado, podríamos construir un corredor energético-industrial Sonora-Arizona, articulando gas natural, energía solar, almacenamiento, manufactura avanzada, minería de menor intensidad de carbono e infraestructura portuaria. El gas dejaría entonces de ser el destino final de la política energética para convertirse en un combustible de transición dentro de una estrategia de transformación productiva.
Para lograrlo, México debería establecer algo más ambicioso: una renta de desarrollo. Si el país proporciona territorio, infraestructura portuaria y acceso estratégico al Pacífico, y además asume costos y riesgos ambientales, la contraprestación no puede limitarse a derechos portuarios. Esa renta debería traducirse en infraestructura regional, formación de trabajadores, universidades tecnológicas, investigación energética, desarrollo de proveedores y conservación ambiental. Incluso podría crearse un Fondo para el Desarrollo y la Transición Energética del Golfo de California, financiado parcialmente por las terminales y los flujos de gas que utilicen la región.
El debate sobre Amigo LNG rebasa, por tanto, una terminal en Guaymas. Estamos definiendo el papel de México en la nueva geografía energética de América del Norte. Podemos ser simplemente el corredor que permita que el gas de Texas llegue más rápidamente a Asia, o utilizar nuestra posición geográfica para construir infraestructura, proveedores, tecnología y capacidades industriales.
Durante décadas aprendimos que exportar mucho no necesariamente significa desarrollarse mucho. No deberíamos repetir esa historia con la energía. Si el gas estadounidense va a cruzar México para llegar a Asia, la pregunta decisiva no es cuánto gas pasará por nuestros puertos, sino cuánto desarrollo se quedará en México.
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